Un camino relativamente corto,
recorrido a pasos relativamente grandes
sobre un suelo suave, plano y despejado.
Sobre un terreno con pocas depresiones.
Algunos pasos tal vez agigantados,
otros muy reducidos.
Pero siempre firmes, siempre con fuerza.
Siempre adelante a pesar del miedo al abismo.
Pero llegué a donde el camino se vuelve borroso.
Donde veo a muchos jóvenes pasmados
viendo al horizonte con los ojos llenos de ilusión.
Con las manos ansiosas y el alma en fuego.
Jóvenes que dejarán la etiqueta de futuro atrás.
Lienzos en blanco, sobre los cuales el presente se estampará implacable.
Un presente que se vuelve a cada segundo, cada vez más fugaz,
frente a un pasado apabullante que crece veloz justo detrás de nuestros pasos.
Por: Pablo A. Ramos
