Eres como un grito

Los gritos son ajenos,
son ajenos y son sordos,
son gritos de los santos
sepultados con libros muertos.

Esos muertos están bajo letras,
y esas letras son cuerpos húmedos,
se arrastran y escuchan las voces
que les hablan a los ojos, los ven.

Puertas errantes y vaporosas,
imagen borrosa de diversos discursos,
tinta de nitrógeno neural,
marca de nacimiento como columna helicoidal.

Buena fortuna y larga vida
a los gritos de ultratinta de los santos
de fe errante para fieles accidentales,
limosna de mendigos vagabundos.

Casa y calor para esos gritos,
para esos cuerpos sin papel,
sin lugar, sin tiempo ni dios.
Cielo y estrellas para esa
tierra de nadie, con lluvia y truenos,
lenguaje y alfabeto sin voz ni pensamiento.

Pan y charcos de miel
para remojar sus lenguas.
Tacto de las piedras a las escamas negras
y a los ojos perdidos a propósito.
Gritos y cuerpos que se arrastran
para esas ventanas que quieren mirar
a los prisioneros de las costas de sal,
a las ventanas de otras puertas,
a otros gusanos devoradores de luz.

Eres acústica atípica piscuala,
indeciso rizoma caprichoso,
fractura líquida que vive en el sonido,
eres litoral de las cosas bonitas,
eres como un grito.

Por: Jesús T. Aldaba.

La Revista de Arena

"La arena como el tiempo es infinita y el tiempo como la arena borrará mis huellas y perderá mi rastro"